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Una prueba de amor




¿Qué es lo más grande o importante que han hecho por y con amor?

Seguramente se nos vienen muchas situaciones o cosas a la mente cuando hablamos de “una prueba de amor”, pero hoy quiero hablarles de la prueba de amor que nos está pasando la vida en estos momentos de pandemia.

Si bien la prueba de amor más grande nos la dio Dios al mandar a su Hijo a este mundo y a que sufriera tanto y luego resucitara (esto, claro está, para quienes creemos en ello), ahora se nos está probando a nosotros, a ver qué tal va nuestra prueba de amor.

Y es que por mucho que digamos “cuídate”, “no es divertido contagiarse del coronavirus”, “te puedes ver muy mal”, “si te contagias te llevan a un hospital y te aíslan de todos”, etc., no es lo mismo pensar en lo que nos pasaría a nosotros que si pensamos en lo que le sucedería a otras personas por nuestra negligencia o necedad.

Este asunto de quedarnos encerrados lo debemos hacer con y por amor. Vean porqué se los digo:

  • Amor propio: no quiero contagiarme, ni sentirme mal, ni ponerme en peligro (al final no sé si tengo alguna enfermedad preexistente que me ponga en un riesgo alto de enfermar de gravedad), ni quiero dejar de trabajar por motivo de la enfermedad.

  • Amor a quienes viven conmigo: me pongo a pensar que si me contagio, hay una alta probabilidad que contagie a quienes viven conmigo, ya sea mi pareja, mis hijos, mis hermanos, mis padres...¿aquí ya se pone más seria la situación, no?

  • Amor a mis compañeros de trabajo: bueno, digamos que vivo sola, entonces si me contagio es mi onda y no vivo con nadie a quien contagiar…pero ojo, tengo un trabajo y ahí están mis colegas, aquellos a quienes veo a diario, con quienes almuerzo.

  • Amor a quienes me ayudan con las tareas domésticas: resulta que siempre he trabajado en casa, desde hace varios años, así que no voy a ninguna oficina, por lo que igual si me contagio nadie a mi alrededor corre peligro. Pero cada semana viene una señora a ayudarme con la limpieza y algo de cocina, ahora es ella, quien tanto me ha apoyado en casa, la que está en peligro de ser contagiada…y con ella, probablemente su familia

  • Amor al vecino: Pues tampoco me ayudan con el quehacer en casa, así que igual, no contagio a nadie. Pero camino por los pasillos del edificio donde vivo, utilizo escaleras (toco la baranda) o utilizo el ascensor (toco los botones) o camino en un espacio público dentro del condominio y estornudé o tosí y dejé partículas de virus en el piso o en alguna manija de puerta…sí, son mis vecinos, casi no los veo y por lo mismo no conozco su realidad ni si tienen o no alguna condición preexistente que les ponga en riesgo o si viven con alguien en esa categoría

  • Amor al prójimo: Al final concluyo que nada de lo anterior aplica para mí, pero en realidad puedo ser portadora de un virus que le puedo trasladar a cualquiera en la calle…y no conozco sus circunstancias.


Así que después de analizar todo lo anterior detenidamente, deduzco que no me quedo en casa por mí solamente sino para proteger a otros. Para proteger incluso a aquellos que no tienen opción a quedarse en casa, que no les han dado la oportunidad de trabajar a distancia y aquellos que están en la primera línea de respuesta contra esta pandemia.

Después de analizarlo en verdad hacer una cuarentena con amor, cuidarse durante una cuarentena con amor, es lo más grande que hoy por hoy podemos hacer por los demás, los conozcamos o no. Hoy se trata de dejar el egoísmo por un lado y pensar más allá de mí y mi propia realidad. Les prometo que si nos ponemos en los zapatos de las personas afectadas directa o indirectamente seremos más conscientes de nuestro actuar ante la pandemia, seremos más solidarios y hacer lo posible desde nuestra realidad por no contagiar a otros ni exponernos nosotros mismos.

Al fin y al cabo creo firmemente que el amor es el motor que mueve el mundo…

 
 
 

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